Los cubiertos también estimulan tus sentidos

Marketing Gastronómico

Todos sabemos que los colores y las formas tienen un efecto inconsciente en nuestras mentes, predisponiéndonos a ciertos estádos de ánimo y alterando la forma en la que percibimos el mundo. Esta es la razón por la que jamás verás un salón de clase pintado de rojo y muy pocas veces un restaurante con las paredes azules. Sin embargo la psicología del color y otras técnicas de neuromarketing han demostrado que el color y forma de los cubiertos incide en la forma en la que los comensales perciben el sabor de los alimentos.

arabuko_marketing_gastronómico_cubiertos_002El estudio de Vanessa Harrar y Charles Spence encontró con un experimento con yogur que sabía más salado y denso cuando se comía de un cuchillo, y más ligero si se probaba de una cuchara de plástico. El sabor también se ve afectado por el color de los cubiertos.

Esto quiere decir que la vajilla que usamos altera nuestra percepción de la comida y la bebida. Bebidas en vasos de colores fríos se calificaron como más refrescantes, que otras servicas en vasos de colores cálidos.

Así mismo el peso y el color de un plato puede alterar la forma densa o si la comida sabe salada o dulce”, comentan los investigadores a la agencia EurekAlert!

Estos estudios también encontraron  que cuando el peso de los cubiertos confirma las expectativas (por ejemplo, una cuchara de plástico es ligera), el yogur parecía más denso y más caro.

El contraste de color es también un factor importante: el yogur blanco cuando se come con una cuchara blanca fue calificado más dulce y más caro que el yogur de color rosa. Estos efectos fueron revertidos con una cuchara negra.

Esto ocurre porque experimentamos la comida empleando mucho más que solo el sentido del gusto, siendo pues el acto de alimentarse una experiencia catalogada como multisensorial, que involucra también la vista, el tácto, el aroma, por lo que un platillo puede provocar placer (o al menos predisponernos a sentirlo) con solo verlo, sin necesidad de probarlo.

Si pensamos bien, podemos entonces aprovechar esta percepción inconsciente para hacer que nuestros alimentos sepan mejor, elevando con ello la satisfacción de nuestros comensales y por ende también los niveles de ventas y fidelidad de nuestros clientes.

 

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