La Historia del W.C.

El W.C., inodoro o retrete  forma hoy en día parte de nuestra vida cotidiana, pero en su momento resultó una innovación que se tradujo en la mejora de la calidad de vida de la humanidad entera, pues en el pasado la gente tenía que desalojar sus desperdicios a la calle, lo cual resultaba en un desagradable olor, que hoy en día afortunadamente no tenemos que soportar.

La invención del W.C. data del año de 1589, siendo autoría del escritor John Harrington, quién instaló por primera vez este entonces moderno artefacto en el palacio de la Reina Elizabeth I de Inglaterra.

Aquel retrete constaba de una cisterna, una reserva de agua en la taza y una palanca que hacía funcionar todo el sistema, de una forma muy similar a como hoy en día funcionan los escusados.

Sin embargo, este fue el único baño que Harrington llegó a construir, ya que la Reina le prohibió construir más retretes para ser la única en poder disfrutar de la comodidad de esta invención; además de que el inventor sufría de constantes burlas porque su invento era considerado algo grotesco y desagradable.

Por estas razones, el retrete no se popularizo, sino hasta 200 años después, cuando el relojero Alexander Cummings patentó una nueva versión del inodoro en el año de 1775, agregando algunas mejoras de diseño al incorporar el tanque de reserva de agua que al jalar la palanca se llevaba los deshechos al desagüe.

Sin embargo, la evolución de los retretes no acaba aquí, pues en 1778, Joseph Bramah patentó su propia versión de un inodoro de válvula; modelo que es considerado como predecesor del que utilizamos en la actualidad.

Ya en el siglo XIX el uso del inodoro comenzó a extenderse de forma masiva, llegando a la mayoría de los hogares donde se cuenta con el servicio de agua potable, drenaje y alcantarillado.

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